
En estos últimos días, en que se han intensificado los rumores sobre la inminente muerte de Castro, he hecho doblete y he visto los dos documentales que en 2003 y 2004 presentó Oliver Stone tras sendos viajes a La Habana para entrevistarse con el dictador.
Comandante y Looking for Fidel, se llaman.
En su día se acusó al primer documental de ser una pequeña felación al tirano, humanizándole, mostrándole con un anciano paternalista y seductor, sin tocar temas espinosos de actualidad. En mis primeros días como becario, allá por 2003, me tocó preguntarle a Zoé Valdés por este tema.
El segundo tiene un enfoque absolutamente diferente, centrándose en la actualidad de aquel momento (secuestros de aviones, juicios a disidentes, terrorismo internacional).
Un conjunto muy interesante, porque permite escuchar de primera mano, sin intermediarios, a una figura histórica, hablando del pasado y del presente. Lo cual, tal como está el patio, no es poco.
Y como suele pasar con este tipo de individuos, lo mejor es que hablen. Ellos solitos quedan en evidencia y se autoinmolan.
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